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Freud ha demostrado que el desarrollo de las formas de actividad psíquica propia del individuo consiste en el reemplazamiento del principio del placer, que prevalece en el origen, y del mecanismo de rechazo que le es específico en su adaptación a la realidad por la prueba de realidad fundada sobre un juicio objetivo. Del estadio psíquico «primario», tal como se manifiesta en las actividades psíquicas de los seres primitivos (animales, salvajes, niños) y en los estados psíquicos primarios (sueño, neurosis, fantasía), va, pues, a surgir el estadio secundario, el del hombre normal en estado de vigilia.
Al comienzo de su desarrollo, el recién nacido intenta obtener la satisfacción a través de intensos deseos (imaginaciones), descuidando (rechazando) simplemente la realidad insatisfactoria para considerar lograda la satisfacción deseada pero ausente; pretende cubrir todas sus necesidades sin esfuerzo mediante alucinaciones positivas y negativas. «La decepción ante la ausencia de la satisfacción esperada motivó luego el abandono de esta tentativa de satisfacción por medio de alucinaciones y para sustituirla tuvo que decidirse el aparato psíquico a representar las circunstancias reales del mundo exterior y a tender a su modificación real. Con ello quedó introducido un nuevo principio de la actividad psíquica. No se representaba ya lo agradable, sino lo real, aunque fuese desagradable» (Freud, [1910-11] 1911, p. 1638-39).
En el importante estudio donde expone este hecho fundamental de la psicogénesis, Freud se limita a distinguir netamente el estadio-placer del estadio-realidad. Es cierto que también se ocupa de los estadios intermedios donde coexisten ambos principios del funcionamiento psíquico (fantasía, arte, vida sexual), pero deja sin respuesta la cuestión de si la forma secundaria de la actividad psíquica se desarrolla progresivamente o por etapas a partir de la forma primaria; y, también, si es posible distinguir tales etapas o deducir de ellas sus derivaciones en la