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No hay una visión prescrita, ni una secuencia preferente…
Cada persona verá el espacio de forma distinta.
Hay una variedad ilimitada de experiencias individuales, pero todas tienen lugar en el tiempo…
El tiempo de la percepción de la estética, de la emoción
O el tiempo psicológico de la experiencia escultórica, que es muy diferente del tiempo real.
No es narrativo sino discontinúo, fragmentado, descentrado y desorientado.
Este texto ha ido gestándose desde la reflexión en torno al material clínico de algunos pacientes y desde lo escuchado a diversas personas (pacientes o no) en lo concerniente al funcionamiento compulsivo de perseguir constantemente un tipo de relación, un tipo de trabajo, un tipo de logro social y/o personal… Un funcionamiento que nada tiene que ver con el tesón de quien se esfuerza por conseguir un logro o la realización de una ilusión -como fruto de la elaboración de la posición depresiva y desde un Ideal del yo bien constituido- sino que está al servicio de un yo ideal y, como tal, absoluto e irreductible a la realidad de los hechos.
Si bien -en toda conducta repetitiva- el sujeto busca la forma de romper con «aquello» que le encadena al pasado y le impide construir y vivir el presente y el futuro, resulta evidente que, en el trabajo con algunos pacientes, encontramos «algo» que aparece como la tendencia a la repetición de una manera escindida.
La evitación del dolor psíquico es un hecho muy presente en nuestro medio social, educativo, médico y político. Es muy frecuente encontrarse en la consulta -tanto de niños y adolescentes como de adultos- la idea de que estar triste es algo malo y por lo tanto a evitar como sea, por ejemplo, a través de los fármacos.