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Desde mi infancia mi héroe secreto es Goethe.1
Es mi propósito, en este acercamiento a la que considero íntima relación entre dos gigantes del pensamiento, poner de manifiesto los vínculos ocultos que unen la metodología goetheana de acercamiento al fenómeno natural observado y el modo de observación freudiana de las producciones del alma humana que conocemos bajo el nombre de Inconsciente.
Giovanni Papini, el escritor italiano, escribe en su libro Gog la supuesta entrevista que el protagonista realiza a Freud en 1931 en la que este le «confiesa» que:
«[…] No he hecho otra cosa que forzar a mis pacientes a obrar como Goethe. La confesión es la liberación y tal es la cura psicoanalítica […]. He sido capaz de vencer mi destino de una forma indirecta y he realizado mi sueño: permanecer como un hombre de letras bajo la apariencia de un médico» (Papini, 1931, p. 102).
Que esta entrevista sea literaria, o, lo que es lo mismo, que nunca se llevó a cabo, no desmiente que esa influencia exista y que esta sea inobjetable. Freud debió de leer la obra completa de Goethe, ya que este es el autor más citado en toda su obra (176 veces), y es indudable que para él, así como para la generación ilustrada del mundo de habla alemana, Goethe era un referente permanente desde su adolescencia y no solo por su obra poética.2