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Agradezco mucho a Pepa Llinares que haya aceptado discutir mi ponencia y lo haya hecho con su hondura habitual. Mi pedido estuvo motivado, en parte, por la profundidad de su trabajo sobre la paradoja (Llinares Lorca, 2004).
La palabra «guerra» está hoy más presente en el lenguaje mediático que años atrás. Y, como Freud hace cien años, estamos convocados a seguir pensando y ser promotores de vida y de cultura.
Llinares rescata a Lear diciendo: «Freud nos legó el psicoanálisis no solo como una técnica para tratar a las personas, sino también como una tradición que ofrece interpretaciones culturales a gran escala» (Llinares Lorca, 2014, p. 32).
Y piensa que necesitamos ampliar y profundizar el concepto de elaboración para referirnos al momento actual: «La problemática actual está impregnada de paradojas desestructurantes que conllevan un proceso de desubjetivación: no hay otro que responda a la búsqueda de sentido del sujeto naciente, y hay un fracaso de la transicionalidad. El incremento del hastío, de la insignificancia, de la descalificación, y de la banalización del sujeto es constante y se produce un predominio de lo impersonal. Parece que el ideal del yo actual sería la búsqueda, de nuevo, del reconocimiento de lo humano», dice P. Llinares (2014, p. 33).
P. Llinares nos aporta una distinción interesante de P. Denis entre el «presente» y lo «actual». Lo actual aparece aislado de todo pasado inteligible y no promete nada más que él mismo. El trabajo del presente implica el duelo de los objetos del pasado y la anticipación de una continuidad relacional. Sin trabajo de duelo la pérdida permanece actual y la categoría de pasado no se constituye. Veinticinco años atrás, tras la caída del muro de Berlín, Francis Fukuyama proclamó «el fin de la historia». Siempre me pareció una formulación equivocada.