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La discusión de Jaime Szpilka sobre mi ponencia es de una riqueza y profundidad que convoca a seguir pensando, desarrollando y, por qué no, discutiendo el tema del recuerdo y de la repetición.
Dada la limitación del tiempo, voy a ceñirme a algunos de los puntos que él matiza, tratando de estar a la altura de sus comentarios y propuestas.
En primer lugar la conferencia de Derridá (1995) titulada «Mal de archivo» pronunciada en la casa Freud de Londres.
Se trata, como nos lo recuerda Szpilka, de la complejidad tanto del registro como de la huella que producen una inadecuación, una falta de correspondencia a la hora de poder establecer criterios de verdad, tal como aparece ya esbozado en la carta 52 a Fliess, en la que Freud le escribe: «… Tú sabes que trabajo en el supuesto de que nuestro mecanismo psíquico se ha generado por estratificación sucesiva, pues de tiempo en tiempo el material preexistente de huellas mnémicas experimenta un reordenamiento según nuevos nexos, una retrascripción [Umschrift]… La memoria no preexiste de manera simple, sino múltiple, está registrada en diversas variedades de signos». (Freud 1896, p. 74).1
Para Freud, y vamos a seguir un trecho con la carta 52 citada por Szpilka, habría por lo menos tres tipos de trascripciones, que serían los modos en que la percepción, que está anudada a la conciencia, puede ser registrada, conservada como huella de lo acontecido.
La primera trascripción serían los signos de la percepción, que están articulados por una asociación por simultaneidad y no son susceptibles de conciencia.
La segunda trascripción, inconsciente, está ordenada por nexos que no son de simultaneidad sino causales y quizá se correspondan con recuerdos de conceptos que también son inasequibles a la conciencia.
La tercera retrascripción, la preconsciente, está ligada a representación-palabra y corresponden a nuestro yo oficial.