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Ante todo quiero agradecer esta intervención en torno a la cuestión del modo en que las vivencias traumáticas son organizadas por el fantasma y construidas en la transferencia.
Voy a hacer una reflexión en torno al tema de las vivencias traumáticas que han tenido lugar antes del acceso al lenguaje y que han quedado escindidas.
Cuando hablamos de vivencia, queremos dar cuenta del modo en que el sujeto ha vivido una experiencia determinada, estamos hablando por lo tanto de aquello de la experiencia que se ha inscrito en el psiquismo.
La importancia del tema de la inscripción en el psiquismo, es decir, de entender qué es lo que se inscribe como huella mnémica y qué es lo que se inscribe como objeto ya lo he abordado en respuesta a la discusión del trabajo hecha por Jaime Szpilka.
Sin embargo, tal como figura en mi trabajo, y directamente relacionado con la cuestión de lo que se recuerda, está todo el recorrido sobre el descubrimiento freudiano, que va de la teoría traumática al descubrimiento de las fantasías, los recuerdos encubridores y las teorías sexuales infantiles que hacen concluir a Freud que la realidad psíquica es la que realmente importa en relación con la etiología de la enfermedad.
Es justamente lo que Freud descubrió en relación con los dos tiempos del trauma, donde no era el primer acontecimiento en sí (que siempre era del orden de lo sexual) el que producía los trastornos psíquicos, sino la evocación retroactiva que se había conectado con el supuesto trauma infantil y que no devenía traumático como hecho sino como recuerdo.
¿Qué pasa con lo vivido antes del lenguaje? ¿Son vivencias que quedan escindidas?
Quiero recordar que el tema de la escisión, definido como la formación de grupos psíquicos separados, aparece tempranamente en Freud, en su artículo de 1894 sobre Las neuropsicosis de defensa como la causa del «complejo psíquico de la histeria», como ya lo habían señalado P. Janet y J. Breuer.