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Además de que contiene sus secciones habituales, este número de la revista es, también, un monográfico sobre «Modelos en la mente del analista». Y de las posibles composiciones que se pueden hacer con estos sustantivos contemplo la siguiente: un psicoanalista, haciendo de tal, con su mente —que alberga determinados modelos— se ocupa de la mente del psicoanalizando; el resultado de esta actividad —clínica, teorizadora y aplicada— es la evolución de los modelos psicoanalíticos.
Este enunciado nos puede remitir a consideraciones de epistemología psicoanalítica donde los conceptos de paradigma, teoría, modelo y otros son pertinentes. Pero, si bien en los autores publicados aparecen referencias y reflexiones epistemológicas, la pretensión de la revista no es hacer un estudio académico exhaustivo sobre el tema; más bien pretende poner en evidencia la importancia de los modelos en la actividad psicoanalítica.
Es cierto que para algunos autores modelo tiene un significado preciso que lo diferencia de la noción de teoría. Cuando Grinberg et al. (1973, p. 61) explican la concepción de Bion sobre el pensamiento, dicen: «La inclusión de modelos en el campo del psicoanálisis presenta muchas veces ventajas desde el punto de vista de su operatividad. Bion fundamenta y explica las razones por las que considera conveniente su uso, destacando la flexibilidad en contraste con la rigidez de las teorías. Por otra parte, si el analista puede construir modelos adecuados, evitará caer en la tendencia a crear nuevas teorías ad hoc cada vez que tropiece con dificultades serias en el ejercicio de su tarea. El modelo hace posible encontrar la correspondencia entre los problemas específicos que presentan los pacientes y el cuerpo principal de la teoría psicoanalítica. Los modelos pueden ser sugeridos por el material proporcionado por los pacientes y cumplen una función muy valiosa siempre y cuando no se los confunda con las teorías. El uso de los modelos es efímero, ya que pueden ser descartados