You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Recuerdo algo que dijo mi padre… al hablar de cómo educábamos a nuestros hijos.
Dijo que les entregábamos un mapa de los lagos de Italia y luego los mandábamos al Polo Norte.
Si se examinan con cuidado los trabajos psicoanalíticos, es posible descubrir en muchos de ellos la premisa implícita inconsciente de que nuestra teoría debería aspirar a ser un cuerpo de ideas esencialmente completo y orgánico, en el que cada parte esté plenamente integrada con todas las demás. Las imperfecciones, algunas de ellas importantes, de la teoría se reconocen claramente, pero se las considera como manchas que deben quitarse. Hay que cerrar los huecos que presentan nuestras formulaciones y hacer mucho más precisas las definiciones, hasta que al fin las piezas que integran este rompecabezas teórico se ajusten perfectamente. Se estima que las ideas de Freud son el núcleo de la teoría vigente, y se ve a los desarrollos posteriores aceptables como amplificaciones y agregados compatibles —o, al menos, no incompatibles— con el pensamiento de Freud. Quienes así piensan fundamentan sus discrepancias con otros autores diciendo que estos han entendido, interpretado o aplicado mal a Freud, y se vuelven hacia los escritos de este para buscar pruebas en apoyo de sus propias ideas.