You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Melanie Klein es probablemente una de las mentes más creativas y de mayor talento que ha proporcionado el psicoanálisis. Descubrir un nuevo modelo del inconsciente y nuevos instrumentos técnicos requiere un gran talento, una gran capacidad de insight y apertura mental. Klein tenía estas cualidades, unidas a una gran pasión con la que se comprometió con el psicoanálisis desde el primer momento en que se lo encontró. La controversia siempre la acompañó y quienes la conocieron bien, como Hanna Segal, dicen que despertaba fuertes emociones: a menudo inspiraba una devoción apasionada, pero también su actitud inflexible sobre su obra le granjeó muchos enemigos (Quinodoz, 2008).
La influencia de su pensamiento en el desarrollo del psicoanálisis es inequívoca y se extiende hasta la actualidad, momento en el que quiero situarme para el desarrollo de este trabajo, y más específicamente, en los aportes de los kleinianos británicos contemporáneos. Pero antes, recordemos la historia.
Como es bien sabido, la gran innovación teórica y técnica de M. Klein y los kleinianos fue el psicoanálisis de niños y de psicóticos y, a través de él, el acceso al conocimiento del bebé.
Klein tuvo la habilidad de hacer una rica y fructífera combinación entre una teoría de las relaciones objetales y una instintivista, dando lugar a una teoría del desarrollo y de su psicopatología. Su profunda exploración en el universo del infante le llevó a ampliar el conocimiento de la vida psíquica temprana, de los procesos psíquicos más arcaicos, dándole a la fantasía inconsciente el protagonismo de la actividad mental básica.
Resulta curioso que siendo la fantasía inconsciente un concepto psicoanalítico nuclear, ni Freud ni Klein le hubieran dedicado un trabajo específico. Freud utilizó el término en muy diferentes ocasiones,