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En pocas décadas se fue anunciando una nueva cultura: la cibercultura, cuyo eje es el mundo virtual. Los fenómenos de globalización y los avances de la informática nos inducen a pensar en un cambio de paradigma que actúa sobre nociones como las de cuerpo y subjetividad, y nos obligan a reflexionar sobre cómo se insertan el psicoanálisis y los psicoanalistas en el presente. Un presente que tenga la mirada puesta en el futuro.
¿Cómo juega esta nueva cultura en el proceso de estructuración de identificaciones y en los caminos del deseo de cada persona? ¿Cómo interpretamos el papel de los cuerpos, virtuales-reales, en los procesos de construcción de subjetividad? ¿En la relación entre lo público y lo privado? En suma, ¿cuáles son sus implicaciones transubjetivas y subjetivas?
Estamos en presencia de un dominio donde se manifiesta la potencia propia de la imagen, de una lógica icónica que gobierna la imagen. Esta es una categoría y una lógica diferente de la de los textos y discursos y tiene especial interés reflexionar sobre cómo impacta en el psiquismo y, en consecuencia, en la clínica.
Para algunos existe el riesgo de que hombres y mujeres queden presos de las nuevas tecnologías bajo la forma de caricaturas alienantes, reificantes, de lo humano. Para otros, puede ser el punto de partida de subjetividades diferentes que nos impulsen a explorar el margen de creatividad y libertad que cada uno puede adquirir.
Ubico el trabajo de Lemma en este contexto y, en forma más amplia aún, agrego la pregunta: ¿debe el psicoanálisis ser solo un observador de los cambios discursivos, sociales y culturales que progresivamente se producen en las sociedades contemporáneas, o bien, hay cuestiones a repensar desde el punto de vista teórico y desde la práctica clínica?