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En la trayectoria de vida de un analista se van produciendo cambios y transformaciones en sus modelos teóricos, que en la práctica se muestran en el modo de acercamiento al paciente. Todo ello es resultado de una compleja interacción entre argumentos conceptuales y experiencias personales.
También hay un «anclaje» originario en el pensamiento del autor que permite, junto a los cambios, captar ciertos hilos conductores en las ideas psicoanalíticas que se van mostrando a lo largo del tiempo.
Un analista, en su trayecto, debate y se debate con su experiencia clínica, lugar de donde surgen los aportes psicoanalíticos a cualquier teoría de inspiración y de creatividad.
Muchas veces la clínica nos exige que el método, deviniendo estrategia, incluya iniciativa e invención.
Asimismo, junto a lo que vengo diciendo, está la filiación del analista a un trabajo de pensamiento más que a una línea determinada, en el que articula metapsicología y práctica, y esa articulación implica el método.
En el pensamiento de Donald Meltzer observamos un hilo conductor, una invariable (en el lenguaje de W. Bion), desde su libro El proceso psicoanalítico (Meltzer, 1967) hasta estas «Nuevas consideraciones sobre el concepto de objeto estético» (Meltzer, 1990). También algunas variables, resultado de su creatividad en la experiencia analítica y del impacto que produjeron en él las ideas de W. Bion.
Un hilo conductor de su pensamiento nos muestra de entrada en este trabajo. Me refiero al tema planteado por él respecto a sus comentarios sobre el pensamiento de S. Freud, expresados en sus diferentes libros, sobre todo en Metapsicología ampliada (Meltzer, 1986).
Allí ya sostuvo que el psicoanálisis surge como ciencia explicativa, para volverse luego algo muy diferente con los aportes de Melanie Klein y, sobre todo, con aquellos de Wilfred Bion. Sin embargo, también sostuvo,