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Cuando el lector se asome a los diferentes trabajos del número comprobará que no hay un modo unívoco de entender lo arcaico en psicoanálisis. Se pueden encontrar toda una serie de puntos en común, pero también marcadas divergencias. Casi podría plantearse que los distintos enfoques se correlacionan con las grandes maneras de entender el psicoanálisis. En buena medida, a lo largo de la evolución del pensamiento psicoanalítico, las discrepancias se han visto condicionadas por los momentos históricos, por las disputas relacionadas con las herencias intelectuales o los repartos de poder, por la constitución de grupos con fidelidades y enemistades… Y siempre se han visto marcadas por condicionantes de todo tipo, a veces en relación con cuestiones tan complejas como residuos transferenciales no resueltos o dinámicas personales, grupales o institucionales no siempre sencillas de colegir. Si bien resulta utópico abordar un estudio y debate entre los conceptos despojándolos de los complejos ropajes referidos, es la intención de esta introducción. Si el intento no es fallido, ayudará al lector a seguir mejor los hilos rojos elementales que transitan las reflexiones sobre lo arcaico. Téngase en cuenta, sin embargo, que no se trata más que de una referencia subjetiva, a utilizar como la leyenda de un mapa que el viajero lector podrá o no tomar en consideración para emprender su propio viaje.
Voy a designar cinco oleadas conceptuales. A cada una le asignaré un término que pretende sintetizarla, para ir desarrollando poco a poco cada movimiento: lo minoico-micénico, la phantasy, la Nachträglichkeit, lo transicional y lo filogenético.
En su texto relativamente tardío sobre la sexualidad femenina, y valiéndose de su muy querida metáfora arqueológica, Freud (1931, p. 228) se refiere a la historia «preedípica» de la niña con su madre como a algo desconocido sobre lo que solo se pueden vislumbrar trazas bajo los estratos edípicos, como en las excavaciones griegas en q