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El libro de Leonardo Peskin es un intento loable, laborioso, inteligente y generoso de poder reunir y esclarecer de una manera sencilla y profunda a la vez temas tan espinosos y complejos como los de la realidad, el sujeto y el objeto. Abarca tal cantidad de cuestiones que resulta casi imposible detenerse en todas ellas. Y lo llamativamente interesante es el ensamblaje de desarrollos lacanianos muy complejos y refinados, referidos desde su lenguaje y su óptica personal y apoyados siempre sobre la brújula infalible del pensamiento de Freud. Así, definiría el texto de Peskin como un modelo de freudolacanismo en el mejor sentido del término. Tal vez por eso, el título mismo no menciona lo Real, sino que habla de la realidad, del sujeto y del objeto, siguiendo en cierto modo un momento y una lectura particular del propio Lacan, donde lo Real no es tomado como un Point de capiton particular, sino como una de las dit-mensions del significante en su particular relación con la falta. Y es desde ese sentido que me gustaría puntuar que lo real no se califica como lo que no se puede decir sino lo que no se puede decir porque se dice, con toda la trascendencia que esto implica.
En su introducción, el autor ya nos anuncia que la realidad, sea cual fuese, es fantasmática, y que desde la perspectiva lacaniana el fantasma es lo que sirve para conceptualizar y sostener la realidad freudiana, considerada fundamentalmente en su desarrollo como realidad psíquica. Esto, nos agrega, llevaría a debatir si las múltiples realidades, como la histórica o la material, también estarían sujetas a la misma configuración fantasmática, aunque añade que, para poder organizarlas, se requiere el trabajo de la subjetividad, que se constituye básicamente en tanto lo simbólico cumple con su función de separar lo imaginario de lo real. Sin duda, Peskin apuesta por abolir cualquier dimensión plana y chata de objetividad.
Siendo un caso de homonimia, es importante esclarecer a qué variedad de realidad nos ref