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Yo también agradezco a la discutidora esta lectura tan minuciosa y reflexiva sobre mi texto… Sus comentarios abren un debate interesante sobre las distintas ópticas de las escuelas psicoanalíticas.
Básicamente estoy de acuerdo en lo que se plantea en cuanto a la estructuración de psiquismo con la elaboración de la castración, pero yo la entiendo de diferente forma: sería una castración ajustada a cada momento evolutivo, la aceptación del límite en distintos momentos, por lo tanto, no siempre estrictamente edípica.
La discrepancia fundamental estaría en torno a la capacidad del Edipo de reestructurar aquello que previamente estuvo mal configurado. Mi inspiración teórica se fundamenta en la segunda tópica y por lo tanto en la construcción de un inconsciente representado con la oportuna asistencia objetal. Es el trabajo de representancia con la figurabilidad y la psiquización de lo pulsional. El yo inconsciente de la segunda tópica. Yo creo que es este el eje de nuestra discrepancia. La patología grave que expongo estaría mostrando fracasos en la construcción de ese inconsciente, dando lugar a emergentes del ello en su vivencia intrapsíquica. La configuración del sujeto la entiendo vertebrada en torno a la relación primaria y el trabajo simbólico que se va haciendo en una textura de memorias adheridas a la experiencia de satisfacción… La ley edípica no es desde mi posicionamiento teórico lo que lo configura, sino el trabajo de simbolización primaria o en su versión narcisista, el llamado trabajo de subjetivación del yo.
Siguiendo ahora las cuestiones que se van planteando en la discusión: la primera está referida a mi alusión a la intimidad ligada al «placer de existir». El placer al que aludo no tiene que ver con el estado de satisfacción propio del narcisismo primario, es una satisfacción de vivir asociada a saberse albergado de una frontera donde el yo-no yo está bien configurado y donde la textura del fondo psíquico alberga un estado no de beatitud idealizada sino de