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El tema de este encuentro responde a la preocupación de los psicoanalistas de hoy al abordar situaciones clínicas que no se mueven únicamente en la franja de la neurosis. Dentro de un clima de pluralismo científico y de respeto a las diferencias se creó entre los ponentes y participantes un espacio de diálogo profundo, que abrió numerosos vértices de comprensión teórica y de práctica clínica.
Catalina Bronstein (psicoanalista didacta de la Sociedad Británica) comienza su ponencia expresando que la simbolización ha sido y sigue siendo un tema crucial en el desarrollo de la teoría psicoanalítica. Plantea que hay diversas modalidades de representación, pero que no todas involucran el mismo desarrollo de la capacidad simbólica. No solo los componentes verbales del discurso del paciente, sino también la figuración onírica, las asociaciones, los lapsos, las metáforas y las acciones dentro y fuera del encuadre analítico pueden tener un valor representativo.
Dos caminos teóricos del pensamiento freudiano sobre la angustia han influido en la comprensión de lo que es representable en el psiquismo y de lo que no lo es. En el primero, la angustia como forma de descarga de lo no representado, caracteriza la noción de neurosis actuales a diferencia de la histeria, teoría que ha sido desarrollada y ampliada por la escuela psicosomática de París. En el segundo, la angustia está conectada con la teoría del conflicto psíquico y el trauma (Freud, 1926/1992). Las pulsiones de vida y muerte, que están ya presentes en esta teoría, sirven de base a la teorización de la angustia en la escuela kleiniana.
También la diferenciación que realiza Freud entre el origen y destino de la representación y del afecto parece haber influido en la contraposición representación/simbolización versus su carencia. La separación entre la representación y el afecto ha sido cuestionada por la escuela kleiniana mediante la noción de fantasía inconsciente y sustituida por la unidad elemental de «afecto