You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
«Supongamos que un pintor ve un sendero que cruza un campo sembrado de amapolas y lo pinta: en un extremo de la cadena de acontecimientos hay un campo de amapolas, en el otro una tela con pigmento aplicado sobre la superficie. Podemos reconocer que esta última representa al primero, por lo que supondré que, a pesar de las diferencias entre un campo de amapolas y una tela, a pesar de la transformación que el artista ha efectuado sobre lo que vio para que tomara la forma de un cuadro, algo ha permanecido inalterado, y sobre este algo que no se altera depende el reconocimiento del objeto original. Los elementos que van a formar el aspecto no alterado los llamaré invariantes».
Permítame, lector, abordar la infancia y adolescencia no desde las múltiples teorías psicoanalíticas, cada uno tiene la suya en mente desde la que nos aproximamos a entenderla. En su lugar, les contaré la historia del psicoanálisis de niños y su importancia en el desarrollo del psicoanálisis en su conjunto.
En la prehistoria del psicoanálisis de niños y adolescentes nos encontramos a Sigmund Freud, como no podía ser de otra manera. El descubrimiento de la sexualidad infantil le lleva a pedir a sus colegas las observaciones de niños pequeños, a menudo sus propios hijos, para reforzar sus hallazgos sobre la vida sexual infantil en las enfermedades posteriores adultas. En Psicopatología de la vida cotidiana (1901/1986) refiere la observación de un adolescente de 12 años, con una histeria grave, atormentado con las cuestiones sexuales. Pero sin duda el caso Juanito (1909/1986) es la piedra angular: niño de cinco años y medio que desarrolla una fobia a los caballos a partir del nacimiento de su hermana, enredado en temas edípicos, ansiedad de castración, intensa rivalidad con la hermana, fantasías perturbadoras en relación con cómo se hacen los niños. No fue un caso tratado directamente por Freud, sino por el padre de Juanito. A pesar de la supervisión de Freud, dificultades del padre l