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El autor describe la curiosidad como una tendencia fundamental que aparece en el curso del desarrollo humano. Durante la infancia la curiosidad se manifiesta de forma muy precoz y con gran intensidad con relación a dos enigmas principales de la vida: la sexualidad y la muerte.
Intentar desvelar estos enigmas puede ser vivido como una trasgresión que finalmente despierta ansiedad y culpa persecutoria.
La leyenda de la expulsión del Paraíso de Adán y Eva, y más aún la leyenda de Luz Bel (Lucifer), el Ángel Caído (Muñoz-Martín, 2017), nos informan de estas fantasías y sus consecuencias.
El autor ilustra todo lo expuesto previamente a través del tratamiento psicoanalítico de un niño de ocho años, que consultó a causa de un estado de ansiedad paralizante. La empatía y la intimidad con el analista desarrolladas durante el proceso psicoanalítico, el poder curiosear y hablar con libertad de la sexualidad y de su miedo a la castración y a la muerte, tolerar ciertas frustraciones y renunciar a sus deseos edípicos, entre otras muchas cosas, le ayudaron a retomar un desarrollo evolutivo más saludable.