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Al comenzar la lectura de este libro, el título despertó en mí el interés por esas dos palabras que lo inauguran.
Autenticidad y reciprocidad, dos conceptos con los que Ferenczi enmarcó su vida profesional. Desde mi punto de vista, la palabra autenticidad hace recordar su lucha y su rebeldía contra lo que llamó la «hipocresía profesional», en referencia a la actitud fría y distante en la aplicación dogmática de la técnica, en lugar de seguir la recomendación de tomar como modelo al cirujano (Sigmund Freud, 1912/1986b, p. 114) propugnaba la presencia de un analista empático y participante.
«Reciprocidad» evocaría la actitud de alguien abierto no solo a la percepción de las proyecciones del paciente, sino también a la rectificación de su posición como analista si advertía que su lugar perturbaba la transferencia, lo cual lo condujo a abandonar la técnica activa. «Reciprocidad» también alude a algo entre dos; Ferenczi inauguró el análisis interpersonal en tanto consideró el encuadre como un campo bipersonal y, al sujeto humano producto de un interjuego con el ambiente.
El subtítulo apunta al dialogo entre los autores y Ferenczi pero por detrás se adivina el siempre presente diálogo Ferenzci-Freud, y, desde allí nos sumerge en la fascinante relación entre ellos. Fascinante por la creatividad producto de ese vínculo, creatividad para ambos y entre ambos a lo largo de muchos años de trabajo en conjunto. Fascinante también por esa ruptura tan atravesada por determinantes diversos, no solo -aunque también- científicos, sino a la vez por problemas institucionales rivalidades entre el grupo berlinés y el húngaro y, además, probablemente, por la diferente personalidad de cada uno que, hizo temer a Freud que ciertas innovaciones de Ferenczi pudieran favorecer el pasaje al acto por parte de analistas inexpertos. Y fascinante por el dialogo ininterrumpido, aun post mortem, en el que Freud, dialoga con Ferenczi en Análisis terminable e interminable (1937/1986c), aspecto muy bien seña