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Mi recuerdo luminoso de Luis es reciente y grupal. Una cena en Sevilla, un domingo por la noche, tras la finalización del Cuarto Encuentro de Psicoanalistas de Lengua Castellana. Con él, Judith, su compañera de toda la vida, Roberto Goldstein de Barcelona, mi esposa y yo. Mucho cariño y mucha conversación.
Luis, Roberto y yo fuimos compañeros de seminarios en la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) a principios de los años ochenta. Tuvimos el privilegio de que en esa época Jorge García Badaracco era su presidente y Willy Baranger su secretario científico. Privilegio y marca. Luis trabajó mucho el legado de Madeleine y Willy Baranger.
En Sevilla, Luis presentó una ponencia sobre el trabajo de simbolización en la adolescencia, momento privilegiado de resignificación y reordenamiento de las identificaciones y precisó cuatro tipos de memorias que considerar: memoria del pavor, del rencor, del dolor y del esplendor. Luis era un hombre de gran pasión intelectual. Tenía el deber de pensar, compartir y transmitir. Un hondo trabajo mental de duelo creativo y productivo. Miembro titular con función didáctica de la APA y de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API), dictó durante muchos años seminarios y supervisiones en sociedades psicoanalíticas de América Latina y Europa. Escribió numerosos artículos de clínica, metapsicología y técnica psicoanalíticas publicados en las principales revistas internacionales de psicoanálisis. La Asociación Psicoanalítica de Madrid (APM) ha publicado varios de sus textos en la Revista de Psicoanálisis de la APM, en Trabajos psicoanalíticos y en el libro Los huéspedes del yo editado por Teresa Olmos. El 16 de febrero pasado, en la sede de la APM, Luis dio una conferencia junto con Elina Wechsler sobre «Psicoanálisis y literatura, Borges y Freud».