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El problema de la formación no surgió hasta la década de los veinte y estuvo intrínsecamente ligado a un determinado proyecto de expansión: el Programa de Freud en 1918 que se articulaba en torno a «una psicoterapia para las masas» y suponía la creación de clínicas gratuitas. El modelo de formación del Instituto Psicoanalítico de Berlín (IPB) respondía a la necesidad de un gran número de psicoanalistas-psicoterapeutas. Freud y Eitingon quisieron que fuera adoptado por todas las instituciones psicoanalíticas. Era el modelo de la tríada: tratamientos, enseñanza e investigación. Aquel objetivo fracasó, el programa de Freud fue sustituido por el programa Jones de 1936, pero el modelo de formación, vaciado de sus objetivos fundamentales y reducido tan solo a la enseñanza tripartita (análisis didáctico, formación teórica y supervisión) pasó a ser el modelo Eitingon, verdadero tótem del psicoanálisis hasta hoy, en una operación de legitimación y control institucional. Alternativas como el análisis a la húngara, compatible con el programa inicial, fueron sometidas al olvido. El desconocimiento histórico de aquel proceso permite que el modelo Eitingon sea intocable (tabú) y solamente se acepten ligeras variaciones, pero que los otros factores de la tríada inicial, tratamientos e investigación, continúen sin considerarse elementos fundamentales de la formación.