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Janine Puget es ampliamente reconocida por sus creativas e interesantes aportaciones referidas a la perspectiva del psicoanálisis sobre cuestiones como la violencia de Estado o por sus trabajos sobre el vínculo de la pareja y la familia o acerca de lo vincular en la clínica. Conviene recordar también que ha sido merecedora en 2011 del Premio Sigourney, que otorga la Asociación Psicoanalítica Internacional (API) por sus relevantes contribuciones para el desarrollo del psicoanálisis. En el transcurso de 2018 recibió el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires, Argentina.
Desde el estimulante título de la obra que aquí reseñamos, se intuye que este libro no es una aproximación al uso sobre la adquisición de conocimientos en la tarea del psicoanálisis. Subjetivación discontinua y psicoanálisis. Incertidumbres y certezas reivindica el afán de saber y nos predispone a adentrarnos en las sustanciosas reflexiones de la autora sobre las prácticas analíticas largamente intuidas y vividas.
Contienen sus escritos replanteamientos psicoanalíticos sobre sus primeras ideas acerca de la vincularidad. En este caso pone el foco en el complejo campo de la multiplicidad, que se refiere a la necesidad de descentrar al sujeto.
Las metapsicologías de las teorías psicoanalíticas que intentan dar cuenta de la constitución del mundo interno subjetivo son altamente deterministas. En Puget esta lógica es ampliada a través de la conceptualización de otra lógica, una lógica heteróloga que se superpone a la anterior, donde el puro presente crea un hacer junto con el otro, donde lo que cuenta es aquello que va teniendo lugar en ese entre dos. Esta lógica de la autora da cuenta del efecto perturbador que implica estar con otro y que descentra a los participantes de ese encuentro siempre novedoso.
Es un eje de trabajo sobre el que hay que avanzar, ya que propone que nuestras investigaciones clínicas se orientan en otras direcciones metapsicológicas y nuestra reflexión analítica