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El objetivo de este trabajo es profundizar en la enigmática afirmación de Freud en su obra testamentaria Análisis terminable e interminable (1937/1964): «La normalidad es una ficción en general… Toda persona normal es solamente normal en cuanto pertenece a la media. Su yo se aproxima al del psicótico en uno u otro aspectos y en mayor o menor cantidad…» (p. 235 en la Standard Edition [S.E.], p. 237 en Amorrortu).
Si como se suele decir, la felicidad, máxima aspiración de los humanos, está en el catálogo de sus aspiraciones pero no de sus logros, en el presente artículo trataré de ahondar en las raíces de un factor interno al que se le atribuye parte importante de la desdicha humana, cuya transformación psicoanalítica recibe el nombre de superyó, cuya transformación religiosa se denomina conciencia y cuya transformación poética la encontramos en los siguientes versos de W. Whitman (1855/2016): «Podría irme y vivir con los animales, / son tan plácidos y libres, / no sufren ni se quejan por su condición, / no yacen despiertos en la noche llorando por sus pecados, / no me hartan con discusiones acerca de sus deberes con Dios» (p. 70).
Definimos en psicoanálisis al superyó como el conjunto de factores internos que imponen restricciones al yo vía ideales inalcanzables, vía amenazas punitivas. El psicoanálisis trata de comprender este factor de la personalidad presente más allá de todo tiempo y cultura y de este modo modular su influencia a fin de alcanzar mayor felicidad dentro de los márgenes que posibilita la vida.
El paso del mito al logos, el descabalgamiento de las interpretaciones míticas del Universo por las provenientes de la razón se ha considerado como el nacimiento de la filosofía. En el siglo VI A.C. en Asia Menor se sitúa el gran paso de la cultura occidental por el que los conocidos como presocráticos dijeron que el universo podía ser conocido porque «una y la