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«Al alma del almendro te requiero
Que tenemos que hablar de muchas cosas
Compañero del alma, compañero».
Elegía a Ramón Sijé, Miguel Hernández
Querido Luis Fernando, maestro, amigo y compañero, cuánto siento no haberte escrito esta carta cuando aún pudieras haberla recibido.
Ahora que releía algunas de tus obras y artículos, seguía admirando tu vasto saber sobre historia, arte, filosofía, literatura y, sobre todo, psicoanálisis, fundamentado en tu dilatada vida profesional, desde tus primeros estadios en París en los hospitales de St. Anne y en la Salpetrière y después en tu larga vida como psicoanalista.
Desde siempre te interesaste por profundizar en el mundo de la psicosis. Estudiaste profundamente las aportaciones de Racamier, del que fuiste colega y amigo, La patología de lo paradójico y su diagnóstico diferencial entre psicosis y locura.
Me admira también tu profundo conocimiento de la obra de Freud y como fuiste espigando en todas sus obras sus opiniones sobre la esquizofrenia, la parafrenia, la psicosis y el posible trabajo psicoanalítico con pacientes con patologías narcisistas y psicóticas.
Quisiste profundizar en la psicosis no solo en tu consulta privada, sino también en el ámbito institucional, y te incorporaste al hospital de Santa Teresa de Leganés, donde llegaste a ser director.
Pero tu vocación fundamental fue el psicoanálisis, al que, como psicoanalista didacta, dedicaste tu vida, tus estudios, tus investigaciones.