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Partiendo de la base de que el encuadre es el garante del método, así como del encuentro y del proceso analítico, las autoras concuerdan en la consideración de que el encuadre es algo vivo y dinámico que se crea y recrea con cada paciente, destacando la importancia del encuadre interno como el verdadero sustento de la posible alianza de trabajo entre paciente y analista.
Tomando como analogía la tesis de Winnicott sobre un espacio potencial, las autoras desarrollan la noción de encuadre potencial, extendiendo el concepto de timing a la propuesta de un determinado encuadre, que dependa tanto del momento psíquico como de la singularidad de cada paciente y encuentro analítico pero que, al mismo tiempo, pueda contener en potencia otro futuro encuadre que puede comenzar a gestarse en la mente del analista, hasta que pueda ser propuesto y realizado en el trabajo en común para permitir que el paciente acceda al mayor nivel de simbolización posible.
Paralelamente, y tomando como telón de fondo la emergencia de la pandemia de la COVID-19, las autoras plantean la diferencia entre la noción de ruptura del encuadre versus la de transformación del encuadre, tomando como hilo conductor el caso clínico de Raquel.