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«¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla
pero que injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada».
Miguel Hernández, Elegía a García Lorca
Enriqueta murió el 24 de mayo de 2020 «de una muerte injustamente arrebatada». Luchaba desde hacía varios años con múltiples dolencias físicas derivadas de una tremenda caída, pero nunca perdió su ánimo, su valentía; era una luchadora incansable, vivía intensamente la vida, la vida de su familia, de sus hijas, de sus nietos, de su biznieta, pero también la vida social y política, el día a día de nuestra sociedad, leía y comentaba los trabajos para miembro asociados, titular, nunca perdió el ánimo ni las ganas de vivir, estaba intensamente amarrada a la vida.
Sus intensos dolores de los últimos largos días, estábamos convencidos de que los superaría como tantas otras veces, pero esta vez no, esta vez pudieron con ella.
Hablé con ella el jueves 21 de mayo, tres días antes de su muerte, una conversación transida de dolor y de esperanza, interrumpida para seguir hablando mañana, pero ese mañana nunca llegó. La muerte, como dice Miguel Hernández, «no sabe andar despacio y acuchilla cuando menos se espera, su turbia cuchillada».
Para todos los que la queríamos, su marido, Antonio Fernández Alba, sus hijas, Miriam, Marta, Nuria, sus nietos, sus amigos, sus amigas, sus compañeros de la APM, su muerte, a pesar de anunciada, resultó inesperada, quizá para todos menos para ella, que tenía todo preparado, anticipándose