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En una entrevista que mantuvo L. Khan con F. Worms a raíz de la publicación de Ce que le nazisme a fait à la psychanalyse, la autora comentó que su contenido hubiera podido ser el prefacio de su anterior libro, Le psychanalyste apathique et le patient postmoderne, publicado en 2014. En 2005 ya empezó a trabajar sobre el devenir de los conceptos en la metapsicología freudiana, interrogándose sobre todo por la inflación de la noción de trauma en el psicoanálisis y la inflación de la noción de empatía como medio terapéutico. Progresivamente, después de profundizar en la literatura psicoanalítica americana y considerar la empatía como una deriva del psicoanálisis, llegó a encontrar la verdadera vía de entrada para entender que la expansión de la empatía está relacionada con una patología de las identidades y esta patología está vinculada a cómo el nazismo ha tratado la cuestión de la identidad.
La autora considera que en estos tiempos las patologías se han modificado, ya no se presentan histerias severas, ni neurosis obsesivas graves; la mayoría de las patologías tienen que ver con perturbaciones de la identidad que el psicoanálisis no había tratado antes, y detrás de esta concepción, lo que se ha deslizado, según L. Khan, es la teoría de la psicología del yo empleando los términos de la subjetividad y de la narración como pivotes de la organización de la identidad, lo que constituye una modificación importante en la concepción del tratamiento psicoanalítico.
L. Khan considera que el psicoanálisis no salió ileso del desastre originado por el nazismo y por el proceso de destrucción en la cultura de las dos guerras mundiales (, ). Después de la Primera Guerra Mundial cierto número de psicoanalistas que emigraron de Alemania y de Austria a los Estados Unidos se fueron con esta herencia, desplazando los focos de origen, lo que tuvo como consecuencia la modificación del horizonte intelectual en el cual la teoría y la práctica psicoanalítica tomaron consistencia. En las regione