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En el artículo se postula que la construcción en la clínica psicoanalítica aporta la contribución esencial de crear un lugar en el que se transformen los efectos negativos del trauma, que persiguen que no se recuerde ni se repita nada de los traumas olvidados. La hipótesis que presento es que en ciertas situaciones traumáticas se ha producido un hiato, entre las vivencias primitivas y su simbolización por un sujeto. Este hiato ha impuesto como defensa un cordón sanitario en forma de desmemoria. En un momento significativo del proceso analítico, el trauma se instala en el tratamiento y el analista deviene el objeto que encarna dicha reproducción. Si bien es necesario primero reconocer la realidad traumática, después es preciso elaborar el goce traumático que, amparándose en la realidad, no quiere renunciar al victimismo y al masoquismo.