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Valoro muy positivamente este aporte de Antonio Pérez-Sánchez, tan necesario en la investigación psicoanalítica en nuestro medio, ya que contribuye enormemente al diálogo y a la apertura tanto teórica como clínica en nuestra disciplina. El tema de la identidad sexual ha adquirido un mayor peso específico respecto de otros, dadas las actuales circunstancias sociales, culturales y también económicas, encarnadas en una sociedad en la que no puede decirse que sus estructuras fundamentales sean fijas e inmutables. Antes bien, el proceso de transformación es rápido y vertiginoso, y podríamos decir que el cambio es la única constante.
En el siglo xxi apenas podemos permitirnos la estabilidad. El anclaje a organizaciones, incluso mentales, consideradas inmutables nos dejaría rezagados mientras el mundo, la sociedad y nuevas versiones del pensamiento continúan en una evolución imparable; y eso que aún nos estamos moviendo en el encuadre del avance de la tecnología, porque los planteamientos que nos avanza Y. N. Harari podrían reestructurar no solo la sociedad, sino también nuestros cuerpos y mentes. Quizás en pocas décadas se planteen preguntas sobre si es la búsqueda de lo idéntico o es la ampliación del mundo lo que entra dentro de la idea de «todo es posible», con lo mortífero que conlleva, o tenemos que pensarlo como una manera de encontrar al otro de un modo diferente, borrando los estereotipos clásicos.
El espacio de pensamiento queda abierto, en cuanto a la reflexión sobre lo identitario, vista la importancia que la subjetividad tiene en las formas de respuesta del sujeto a las demandas y exigencias de una sociedad cambiante, paradójica, líquida, al decir de Z. Bauman .