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La angustia es un tema nuclear en la conceptualización psicoanalítica. A lo largo de la literatura encontramos reflexiones que ahondan en el tema desde los distintos marcos teóricos. Todos los posicionamientos enriquecen al psicoanálisis como disciplina y se suman al sustrato científico. Es oportuno dedicar un número a seguir avanzando en esta línea, más aún cuando nuestros tiempos se ven azotados por el horror desde la realidad (pandemia mundial, guerra en Ucrania) que sirve de reclamo y disparadero de la angustia.
En cierta manera, podría considerarse a S. Kierkegaard un antecedente del psicoanálisis freudiano. En su libro El concepto de la angustia afirmó: «la vida solo puede ser comprendida hacia atrás pero únicamente puede ser vivida hacia delante. Si me angustio por una desgracia pasada no es precisamente en cuanto pasada sino en cuanto que pueda repetirse, es decir, hacer futura» (18, p. 109).
En el mismo libro, Kierkegaard indaga sobre la relación existente entre la angustia y el pecado. En este sentido, sostiene que la angustia precede al pecado, es lo que guía a Adán al pecado. En su idea, la angustia presupone el pecado hereditario. Por eso, para él la angustia es el camino para que la humanidad pueda ser salvada.
Brevemente, se diría que el filósofo danés alude al determinismo como lo planteó Freud. Estaría incluida en su afirmación la idea de la proyección en el después de una marca en el atrás, amén de la repetición. El pasado como aquello que nos permite comprender, como un lugar para ir a buscar sentidos de lo que deviene en el presente, en el futuro. Kierkegaard señala a la angustia como conato de lo incestuoso y como salvadora de la humanidad. Se entiende que el hombre paga con angustia el no cometer incesto. La angustia como efecto de la prohibición universal.
Laplanche y Pontalis, en su Diccionario de psicoanálisis, para definir el término «angustia» lo dividen en dos acepciones. Por un lado, se propone «angustia automática» y por el otro, «angustia