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Tras la atenta lectura del muy rico trabajo que nos presenta la autora, deseo compartir mi perspectiva clínica y teórica en diálogo con ella y con otros colegas. Dada la amplísima temática estudiada y que nos ha sido ofrecida, tan solo me detendré puntualmente en algún pasaje, e iré haciendo referencia a reflexiones de autores significativos para mí.
Entiendo, siguiendo a Fairbairn (2001, p. 44), que el cachorro humano busca, en el encuentro con el objeto, a ese «otro» que aporte algo más que la satisfacción de la pulsión. El bebé necesita el vínculo con alguien que, desde su función cuidadora, recoja sus vivencias sensoperceptivas y las transforme en contenidos simbólicos, que aporten un sentido representacional del pensamiento, la palabra y la emoción, pues todo ello le será transmitido al niño al ser sostenido física y emocionalmente.
Para Fairbairn, la primera relación social establecida por el individuo es la relación con la madre, y el centro de esta relación es la succión. La actitud libidinal es esencialmente una actitud en la que predomina el tomar sobre el dar. Un tomar que permita al niño poder ir incorporando e introyectando, dando lugar a las identificaciones primarias.
Cuando, en esta experiencia relacional, el niño no puede introyectar ni identificarse con un objeto cuidador, pierde la esperanza de recibir amor. Los objetos que no satisfacen significativamente, al ser vividos como malos, son fuente incesante de ansiedades persecutorias.