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El pasado 29 de mayo falleció Gracia Rodríguez Daimiel, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica de Madrid. La noticia de su fallecimiento me produjo una tristeza inmensa, ya que, aunque sepamos que la persona se encuentra enferma o que su deceso puede ocurrir, no queremos perder a alguien que hemos querido o con quien nos hemos sentido apoyados y entendidos.
Hace como tres décadas, recién llegada a este país, con el proceso de haber emigrado en vena junto a otros duelos, y con el deseo de conocer/me, pedí la referencia de alguien que pudiera atenderme con un setting particular: solo podía viajar a Madrid los fines de semana y al principio una vez al mes.
Marisa Muñoz, quién supervisaba mis casos clínicos, se hizo cargo de buscar a «ese» alguien, que estuviese dispuesto a verme en esas condiciones.
Gracia fue la analista elegida y yo fui la afortunada paciente que poco a poco comencé a sentir los beneficios de una escucha profunda, contenedora e inteligente.
Su voz ronca, su agudeza en las interpretaciones, su buen sentido del humor y la constancia hicieron que nuestro vínculo se hiciese fuerte y me pude percatar de todo el peso de «mi neurosis de transferencia» al darme cuenta de que mi lenguaje cotidiano se había llenado de palabras cuyo contenido estaba relacionado o mencionaba la palabra «gracia» o tenían que ver con sus diferentes significados… muchas más situaciones me resultaban graciosas; si oía hablar de alguna hazaña o proeza para mí era como una gracia, si alguien tenía habilidad para ejecutar algo es que tenía esa gracia, si alguien conseguía el afecto de otro se había congraciado… muchas personas pasaron a ser agraciadas o podían haber caído en desgracia.
Nuestro trabajo condensado y que tiempo después pude realizar de forma más seguida dio buenos frutos, mis sueños en todos los sentidos se multiplicaron, al igual que mis deseos de conocer, y en este recorrido aprendí a abrir fronteras y reestructurar lejanías, fue un hermoso viaje en el que Gracia me