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Me complace poder comentar este importante y apasionado escrito de María Luisa Muñoz, que expresa con sensibilidad algunas preocupaciones sobre el futuro del psicoanálisis que sin duda comparten muchos colegas contemporáneos.
La autora también me honra con una cita, mencionando mi idea de que, efectivamente, una proporción cada vez mayor de los pacientes actuales muestran una resistencia considerable (mayor que en el pasado) al vínculo y la interdependencia en análisis, similar en muchos aspectos a la que les dificulta aceptar constructivamente el vínculo y la interdependencia en la vida fuera del análisis.
En resumen, la hipótesis que yo había propuesto se refería a las consecuencias de algunos cambios psicosociales importantes de las últimas décadas, que, en mi opinión, habían reducido los periodos necesarios de fusionalidad fisiológica postnatal y de contacto real en la convivencia intrafamiliar, sustituyendo a los objetos de base naturales (las madres, padres y abuelos) con cuidadores inestables, ocasionales y rotativos, y con la televisión y los ordenadores, desencadenando así desde la primera infancia el fenómeno generalizado de un repliegue instintivo del centro de gravedad del sujeto a lo largo del eje relacional hacia el objeto, repliegue destinado a no experimentar dolor.
Esta disposición defensiva básica contra el vínculo y la dependencia sería en muchos casos «heredada», por así decirlo, como un regalo no deseado, por los analistas de hoy, que más que en el pasado se encuentran lidiando con pacientes que piden ayuda conscientemente, pero que de hecho son muy a menudo reacios a someterse a las restricciones de método, setting y contrato que son necesarias para el tratamiento analítico.