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A la lectura del texto de Alicia Monserrat sobre el aborto y las mujeres nos introduce Leonardo Montecchi con su prólogo, señalando aspectos sociales anclados en el patriarcado y visones machistas de la subjetividad femenina: el sujeto mujer, pensado como el negativo del sujeto hombre. Desde un marco lacaniano, reseña cómo se lleva a cabo la constitución del sujeto desde el deseo y su inclusión en el orden simbólico vinculado a la Ley del Nombre del Padre.
La autora -sin embargo- remarca que es la importancia del vínculo con la madre, la experiencia pre-edípica anterior a la Ley del Padre, lo que introduce el orden simbólico de la madre y hace emerger una subjetividad femenina diferente a la considerada hasta entonces, que respondía a patrones de sometimiento y de aceptación de la falta. El prologuista muestra algunos señalamientos psicoanalíticos apuntando al interés de la autora por desarrollar su tesis sobre la «ligazón madre-hija», vínculo pre-edípico reconocido por Freud, y del que hay que separarse para poder individualizarse, aspecto crucial en la constitución de la subjetividad femenina. Alteraciones en este proceso pueden estar ligadas a la decisión de la mujer de abortar.
Presenta el prólogo un recorrido y referencia de distintas tesis de diferentes autoras -tales como L. Irigaray, J. Kristeva, L. Muraro- sobre la constitución del sujeto femenino, remarcando la de que «el orden simbólico comienza a establecerse (o nunca se establecerá) en la relación con la madre», tesis que sostiene la autora del libro y punto de partida en la constitución del sujeto femenino.
En el tema que nos ocupa -el aborto-, si se considera la ley como parte del orden simbólico, el sujeto femenino solamente aparece cuando cambia la ley del aborto y este sujeto es directamente el resultado de la lucha feminista.
La mujer es el sujeto que finalmente decide el aborto. Se apropia de su cuerpo y no delega la decisión en otro sujeto. No es objeto de otro sujeto y menos que nunca de un sujeto