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«Si morir fuera esto
Un recordar tranquilo de la vida
Un contemplar sereno de las cosas
Cuán dichosa la muerte
Rescatando el pasado
Para soñarlo a solas, cuán libre,
Para pensarlo tal presente eterno,
Como si un pensamiento valiese más que el mundo».
Juan Francisco Rodríguez ya de niño viene a Madrid desde sus tierras leonesas para hacer el bachillerato en el Instituto Ramiro de Maeztu.
En 1951 ingresa en la Facultad de Medicina. Sigue sus estudios desencantado de sus profesores porque, como él mismo decía, en lugar de encontrarse con Ángel Garma o con Miguel Prados se encontró con Vallejo-Nájera.