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Un analista debe mostrar toda la paciencia, la tolerancia y la confiabilidad de una madre dedicada a su hijo, debe reconocer como necesidades los deseos del paciente, debe dejar de lado otros intereses con el propósito de estar a mano y ser puntual y también objetivo, y debe provocar la impresión de que desea dar lo que en realidad solo da debido a las necesidades del paciente. No cabe esperar reconocimiento, porque en la raíz primitiva que se busca en el paciente no hay capacidad para la identificación con el analista y sin duda el paciente no puede comprender que el odio del analista surge a menudo de lo que el paciente hace en su elemental manera de amar.
En el análisis (análisis de investigación) o en el manejo corriente del tipo más psicótico de paciente, el analista (psiquiatra, enfermera) soporta una tremenda tensión y es importante estudiar la forma en que la ansiedad de cualidad psicótica y también el odio surgen en quienes trabajan con pacientes psiquiátricos seriamente enfermos. Solo así puede haber alguna esperanza de evitar la terapia que se adapta a las necesidades del terapeuta más que a las del paciente.