You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Los epígrafes que ilustran el artículo de Nicolas de Coulon no solo dan cuenta de los autores que le acompañan en sus teorizaciones (D. Winnicott, A. Green) sino también el valor positivo de «lo negativo».
En este sentido nos advierte: «(…) debemos tener cuidado de no atribuir al trabajo de lo negativo un significado exclusivamente patológico».
Realiza un recorrido por el concepto de transferencia y las distintas conceptualizaciones de la misma hasta llegar a la «transferencia limite» y los desafíos que este tipo de paciente convocan en el analista. A su vez, propone un trabajo previo en estos casos a fin de lograr una confianza suficiente en el analista y en la cura para lograr, siguiendo a S. Ferenczi, la introyección del analista.
Me ha interesado particularmente en este trabajo la distinción que realiza J. Godfrind respecto a la transferencia de base diferenciándose de la más tradicional propuesta por C. Parat . La autora considera que la transferencia narcisista sería la transferencia básica, puesto que siempre bajo la transferencia neurótica hay una transferencia narcisista. Considera el autor que: «el juego de espejos entre estos dos niveles transferenciales representa ya una forma de lo negativo, entre dos aspectos de la transferencia, que son más asimétricos que complementarios, uno objetal, el otro narcisista». Siempre en el polo narcisista hay un sufrimiento identitario-narcisista, por lo tanto, aparecerán los efectos de lo negativo. Es decir, resistencias; desde la resistencia (motor de la cura) en el polo más neurótico, como la desobjetalización, el vacío, etc. característicos de los trastornos límites, hasta la más grave, «la reacción terapéutica negativa».
Si estos dos niveles se juegan en el proceso analítico, «lo negativo» se tramitará en la transferencia y tal como plantea el autor en sus viñetas
clínicas, será el paciente que envuelve, conmueve, traiciona etc. En definitiva, inevitablemente, nos adjudica el papel-personaje del objeto desde su vert