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En el presente artículo trato de reflexionar sobre la génesis de lo identitario como una conquista a realizar de la mano del objeto. Fallas precoces en dicho encuentro, falta en la capacidad paraexcitatoria y traducción de la pulsionalidad infantil del bebé, pueden dificultar la capacidad de dar sentido a la experiencia emocional, sin la cual difícilmente se puede acceder a un yo solvente capaz de mediar entre el mundo externo e interno. Dicho en otras palabras, el mundo emocional quedará sin acceso a significación psíquica encontrando otras vías de descarga como la adictiva. La adicción será, por tanto, un síntoma que nos habla de una ausencia de objeto interno que lleva al sujeto a engancharse tanto a la descarga como al objeto externo. El desinvestimiento del mundo mental implicará un funcionamiento menos neurótico en el que la ausencia de tercero obstaculiza el acceso a una organización edípica. La relación con el otro vendrá determinada por una fracasada alteridad que llevará a establecer relaciones desde la dependencia más absoluta hasta la radical negación de la misma. La coexistencia en lo adictivo de diferentes niveles de organización, de aspectos más neuróticos y menos neuróticos, nos convoca como analistas a una escucha empática.