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El texto de B. Chervet es el resultado de una conferencia abierta al público organizada por el Centro Psycoanalítico de Lausanne.
Me parece muy importante que B. Chervet comience su comunicación planteándose una reflexión sobre el hecho, no solo de llegar a ser analista, sino de seguir siéndolo durante toda la vida profesional.
B. Chervet se dirige en su conferencia a un público interesado, supongo, en la idea de ser analista, y les plantea de entrada el trípode en que se sustenta la formación: el análisis personal, la supervisión y la enseñanza de los conceptos psicoanalíticos; y añade B. Chervet algo que me parece fundamental también, la apertura a la cultura.
Sostiene que la primera y fundamental pata que mantiene todo el trípode es el análisis personal.
Freud, en su obra ¿Pueden los legos ejercer el análisis?, dirigiéndose a un interlocutor incrédulo, le dice: «cuando damos a nuestros discípulos instrucción teórica en el psicoanálisis, podemos observar cuan poca impresión les causamos, al comienzo toman las doctrinas analíticas con la misma frialdad que a otras abstracciones de que se creen imbuidos. Acaso algunos quieren convencerse, pero no hay indicio alguno de que lo estén. Ahora bien, exigimos que todo el que quiera ejercer en otros el análisis se someta antes, el mismo, a un análisis. Solo en el curso de este “autoanálisis”, cuando vivencia de hecho los procesos postulados por el análisis en su propia persona, mejor dicho, en su propia alma, adquiere las convicciones que después lo guiarán como analista». (Freud 1926/1976. p. 186)
B. Chervet opina que las crisis y escisiones en las sociedades psicoanalíticas están frecuentemente asociadas a la cuestión de la formación.
En toda formación, dice B. CHervet, hay un profesor que se supone que sabe y desea transmitir lo que sabe a otro, y un alumno que se supone que desea aprender.