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Quiero agradecer a B. Chervet la elaboración de este trabajo, cuya lectura me ha suscitado gran interés y me ha permitido interrogarme sobre la formación y transmisión del psicoanálisis, tarea en la que me siento profundamente implicada como directora del instituto de formación de la APM.
En este articulo el autor comparte con nosotros su reflexión sobre el hecho de ser analista y seguir siéndolo durante toda nuestra vida profesional, así como de los obstáculos que se oponen a ello.
Hace un recorrido sobre la estructura del proceso formativo: el análisis personal, las supervisiones y el estudio de los conceptos psicoanalíticos, sin dejar de lado la importancia de la apertura a la cultura general e infinita.
Introduce también la dimensión ética como ingrediente fundamental implícito en toda transmisión y señala que el análisis personal es un trabajo psíquico y de inscripción indispensable para nuestro quehacer, pero no suficiente. Su objetivo es acceder a un funcionamiento psíquico ideal referido a la resolución del complejo de Edipo, lo que supone la redimensión de la posición narcisista y la asunción de la implicación de cada sujeto en su padecimiento.
Ante el texto me pregunto: ¿Por qué una y otra vez traemos el tema de la formación? ¿Por qué volvemos a recordar el trípode formativo, los diferentes modelos vigentes, la importancia del análisis personal y la relación de los analistas con la Institución?
El autor señala la necesidad de tener en cuenta la existencia de «tendencias reductoras inconscientes» que nos afectan en nuestra práctica analítica y a nivel institucional, reduciendo nuestras capacidades psíquicas y nuestra identidad como psicoanalistas. Es por esta razón por la que han de ser tenidas en cuenta en la formación, apelando a la exigencia ética de conocerlas y poder utilizarlas en beneficio de la actividad mental.