You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Resulta difícil no estar de acuerdo con una tras otra de las tesis que P. Marion vertió en su conferencia «El ideal del yo e idealización: necesidad y riesgos en la transmisión del psicoanálisis», dictada en la APM en el curso 2022-23.
La psicoanalista italiana sienta las bases de su pensamiento sobre la idealización, al reconocer que los ideales tienen un carácter intrínsecamente humano, que atraviesan la vida de todos y que su naturaleza consiste en la necesidad de recrear internamente un sentimiento de equilibrio y bienestar, cuya raíz se remonta a un narcisismo heredero del principio de placer que nunca acaba por ceder a la necesaria objetividad del principio de realidad.
No puedo más que coincidir completamente con P. Marion en la raíz narcisista de la idealización, que defensivamente disocia lo bueno de lo malo, en el self y en el objeto, a fin de instaurar un núcleo de objeto bueno que acabará por convertirse, en su exagerada perfección, en una idealización, quizá imprescindible, en la cimentación que yugulará las tendencias disociativas del yo. De todas formas, la tesis fuerte del narcisismo como patología, iniciada por Freud (1914), parece perder vigor en la propuesta de P. Marion a resultas de un sincretismo con aquellos autores para quienes el narcisismo tiene su raíz en una deficiencia del ambiente más que en los procesos de constitución del self temprano.
En el camino de la patología a la salud el narcisismo debe decaer en su encuentro con la realidad sin que la desilusión se apodere del yo siempre que éste soporte la pérdida de la omnipotencia que supone el reconocimiento y aceptación de sus propios límites, de los del objeto y de los de la vida en todos sus aspectos, aunque la persistencia de un fondo de idealidad
en todos los hitos de la existencia marque su inevitabilidad a fin de llevar adelante el programa de articulación de placer y realidad. M. Klein (1946), en lo que se refiere a la fragmentación del yo, y B. Joseph , en los avatares del yo en