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Deseo comenzar estas reflexiones sosteniendo que, hoy en día, en el pensamiento psicoanalítico contemporáneo habría que incluir el paradigma de la complejidad, que nos permite pensar los fenómenos desde sistemas abiertos que cuestionan los conceptos centralizadores.
El paradigma de la complejidad nos convoca a pensar los procesos de transformación y los cambios significativos, y la clínica psicoanalítica nos estimula a re-trabajar los modelos teóricos, y así poder llegar a pensar y discriminar qué conceptos mantienen su vigencia y su permanencia, y cuáles funcionan como un lastre en el pensamiento que impide la visualización y la escucha de lo nuevo. Poder diferenciar los enunciados definidos de manera metapsicológica de aquellos que son producto de las modificaciones históricas, tecnológicas y políticas.
Asimismo, pienso que cualquier acto o pensamiento que pretenda captar el movimiento del psicoanálisis en un momento dado debería tener en cuenta la cultura singular que lo atraviesa, al tiempo que también le impone nuevas cuestiones a pensar.
La vida psíquica debe establecer una alianza entre aquello que permanece y aquello que cambia, entre aquel núcleo de singularidad permanente de identificaciones y de capital fantasmático, y los compromisos, las recomposiciones, las modificaciones que exigen los encuentros y los investimentos con otros sujetos con otras metas (P. Aulagnier, 1984).
Ahora bien, P. Marion nos introduce en el tema del ideal, del ideal del yo y de la idealización a través de dos casos clínicos. Gloria, desafiando «lo imposible», funcionando desde su «yo ideal» con su narcisismo omnipotente y sus exigencias de perfección, instalada en un funcionamiento psíquico ideal e idealizado.