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La portuaria Cartagena de Indias, puente histórico con el Nuevo Mundo, ha supuesto en esta ocasión un lugar de encuentro entre analistas de todo el mundo, especialmente emotivo por ser el primero presencial tras el congreso de Londres de 2019, esto es, el primero después de la pandemia. En lo institucional se ha producido un relevo en algunos miembros del board de la API, dando inicio al segundo bienio del mandato de H. Wolf y A. Prengler, con la despedida de H. Jan como tesorero y su relevo por la peruana A. Escardó, y con la entrada de los nuevos presidente y vicepresidenta electos, H. Blass y K. Bogliato. Asimismo, ha expirado el mandato en IPSO de C. Baekeland.
En lo científico, la temática «La Mente en la Línea de Fuego» ha supuesto una invitación al pensamiento psicoanalítico en torno a esta metáfora que tanto se acerca a las situaciones extremas que nos va tocando vivir. La conferencia inaugural estuvo a cargo de Lord J. Alderice, experto en creencias fundamentalistas y violencia política, que propuso una serie de reflexiones que supusieron un punto de partida. En las sesiones plenarias, como es habitual protagonizadas por ponentes de las tres regiones, debutó el jueves el peruano J. Bruce, con una profunda reflexión sobre las peculiaridades del psicoanálisis en Latinoamérica; se centró en reflexionar en cómo inicialmente hubo una cierta tendencia a importar el pensamiento de otros, y solo con el tiempo fue pudiéndose producir una integración con la cultura y costumbres locales, dando lugar a un modo de entender las cosas más genuino que él denomina «análisis criollo». Le siguió el viernes el neoyorquino H. Schwartz, especializado en el trabajo con niños traumatizados por situaciones catastróficas o víctimas o testigos de violencia. En estos programas, a caballo entre lo psicosocial y lo psicoanalítico, el autor se centró en las intervenciones que disminuyen el sufrimiento y también sirven para prevenir los efectos en el desarrollo que los traumatismos pueden