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Si evito que un corazón se rompa
No habré vivido en vano,
Si alivio el dolor de una vida
O calmo una pena
o llevo un desfalleciente pecho colorado
de nuevo a su nido
No habré vivido en vano.
Acompañar a alguien en su último viaje me hace pensar en el ciclo de la vida humana. Cuando nacemos somos los seres mas indefensos y necesitados de protección y al término de la vida se experimenta esa misma necesidad de cuidados y sostenimiento.
Mariela fue una viajera (en el sentido más laxo del término), su curiosidad y pasión por la vida la llevaron a conocer territorios internos y externos. Muy joven abandonó la seguridad del hogar para adentrarse y conocer otros territorios. Vivió en Venezuela, Estados Unidos, Perú, y España terminó siendo su Ítaca.
Cualquier viaje implica cierto grado de riesgo desde el momento en que nos coloca en la posición de salir de nosotros mismos, para vernos desde una perspectiva diferente.