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Los estados de angustia han preocupado a los psicoanalistas más desde un punto de vista teórico y conceptual que desde un punto de vista práctico. La revisión de la literatura tratando este tema muestra que se ha buscado más comprender el origen de los estados de angustia y los mecanismos psicodinámicos de su formación, que las aplicaciones prácticas de esta comprehensión para reducir la angustia en el cuadro del proceso psicoanalítico.
Freud habla por primera vez de las neurosis de angustia en 1895. En su artículo «La neurastenia y la neurosis de angustia» describe a esta última como un síndrome, que separa a la vez de la primera y de las psiconeurosis. Muy influenciado entonces por la neurología, y en este caso concreto por el principio biológico de “constancia” de Fechner, estimaba que la angustia era una reacción automática resultante de la transformación directa físico-tóxica de la libido insatisfecha por la abstinencia, la práctica del coitus interruptus, etc.
El traumatismo de tipo neuro-vegetativo resultante de la acumulación de excitaciones sexuales somáticas no descargadas de manera adecuada es lo que provoca la angustia, decía él.
Como se ve, era esta una visión estática del mecanismo de origen del fenómeno angustioso en la cual no existiría motivación psíquica. Los enfermos curan, pensaba Freud, si llegan a recordar el acontecimiento traumático y a verbalizarlo. Estamos frente a la terapéutica catártica y de abreacción.
Sabemos, sin embargo, que Freud abandonó entre 1920 y 1930 esta conceptualización para dejar paso a su nueva teoría de las pulsiones. Su visión de los procesos psicopatológicos pasará de la biología a la psicología. La angustia ya no es el resultado de un traumatismo que transforma directamente
* Seminario de teoría de la técnica psicoanalítica. Centro psicosocial Neuchatelois. Dr. F. Morgenthaler. 1972. Suiza. Publicado en el Boletín del Grupo de Psicoanálisis de Madrid. N.° 3. Mayo de 1978.
la libido reprimida sin pasar por el yo, sino pre