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«Desde el punto de vista práctico no puede condenarse que un psicoterapeuta mezcle una parte de análisis con algo de influjo sugestivo para conseguir, en poco tiempo, resultados visibles, como resulta necesario en los sanatorios, pero debe exigírsele que al obrar así sepa perfectamente lo que hace y reconozca que su método no es el del psicoanálisis auténtico»
Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico
Durante los primeros años de este siglo Sigmund Freud elaboró un método para el tratamiento de la neurosis al que llamó psicoanálisis. Uno no deja de sorprenderse de que, a pesar de los ríos de tinta y de palabras vertidos sobre el tema a lo largo de estos 80 años, las confusiones continúen. Aún en medios en los que las teorías de Freud han alcanzado aparentemente una enorme difusión y aceptación, los psicoanalistas seguimos escuchando a personas que aseguran estar siendo psicoanalizadas con una entrevista semanal o haberlo sido a lo largo de un mes o en una sesión única, o con la ayuda de un «psicoanalista» amigo de toda la vida, etc. A veces, ante el silencio discreto de quien escucha, el supuesto analizado se apresura a añadir que lo suyo, desde luego, no es un psicoanálisis «ortodoxo» o que su psicoanalista «no es freudiano»; estos comentarios se acompañan de un leve sentimiento de falta o de privación, pero más frecuentemente de un sentimiento de triunfo, de quien está en el mundo de vanguardia y más allá de un Freud que está «pasado».
Sin embargo, lo que quizá me ha movido a escribir estas líneas no es el caso de estas personas, sino la observación de que aún los propios psicoanalistas tendemos, a veces, a hacer un uso un poco descuidado de los términos y, lo que es peor, de las ideas. Como digo, el problema viene de antiguo, lo cual nos indica la fuerza de los factores irracionales que están alimentando la confusión y probablemente lo harán en el futuro; pero ello también nos advierte de que lo más esencial del legado de Freud, su contribución única y esp