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Después de describir algunas terapias de inspiración filosófico-política y mezclas de estas dos con aspectos parciales de la teoría psicoanalítica, se intenta plantear el problema de la psicoterapia psicoanalítica. La esencia o el modelo esencial sería la situación psicoanalítica tal y como la practican los maestros del psicoanálisis infantil.
Pero, si no es un psicoanalista experimentado, ¿qué se puede hacer?
El problema es de una complejidad y una actualidad desbordantes.
Utilizando el modelo psicoanalítico en situaciones donde la relación psicoanalítica está amenazada por múltiples factores (conflictos grupales e institucionales, parásitos de la libre asociación o de la escucha flotante, etc.), se puede desvirtualizar la relación y transformarla en nuevo etiquetaje diagnóstico, con consecuencias, a veces, graves.
La noción de «límites» puede ayudarnos a replantear el problema desde el ángulo de las posibilidades que cada especialista tiene para entrar en relación con las familias de manera que esta relación pueda ser terapéutica. Si los especialistas estudian, a partir de sus posibilidades personales, sus límites terapéuticos, la cuestión de adecuación entre la demanda y la respuesta puede ser abordada.
Esta exposición trata de alejarse del modelo nosológico-fenomenológico por considerarlo muy problemático. Diagnosticar a un niño examinado en condiciones antiterapéuticas solo puede reforzar el narcisismo del especialista y hacerle perder su capacidad de cuestionamiento. En ciertas condiciones, determinar que una cierta patología necesita de un tratamiento adecuado a ella es deshumanizar el acto terapéutico, que es esencialmente relacional y afectivo, y que depende de la calidad relacional de las personas (terapeuta-paciente), así como de los conocimientos teóricos integrados por el especialista.