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La identificación es un concepto fundamental en la teoría y la clínica psicoanalítica. Freud reelabora este concepto a lo largo del tiempo y paulatinamente va comprendiendo su significatividad y centralidad para los procesos anímicos, hasta llegar a reconocer su radical importancia para la constitución de la identidad. Estamos hechos de identificaciones, como jirones de un telar que nos ha ido construyendo, restos de las relaciones de objeto abandonadas, ese telar de los otros tejido con nuestras células que vamos deviniendo.
En distintos momentos de su evolución teórica, Freud aprehende aspectos diversos, muchas veces novedosos, contradictorios y complejos del concepto de identificación, que discierne siempre con referencia a otros conceptos, que con su pensamiento dialéctico va oponiendo y comparando. Así podemos rastrear a lo largo de su obra distintos aspectos y momentos en torno a la identificación.
Es en La interpretación de los sueños donde primero revela Freud (1900/2000a) aspectos importantes de la identificación como proceso y trabajo del inconsciente y del proceso primario. D. Wildlöcher (1985), en un muy interesante trabajo titulado El deseo de identificación y sus efectos en la obra de Freud, señala que los procesos de identificación son el resultado de un trabajo del inconsciente y de la investidura de las fantasías en las que la persona propia y los otros forman aún una unidad. Freud describe, apuntan también Laplanche y Pontalis en su diccionario de Psicoanálisis, «como típico del trabajo del sueño el proceso que traduce la relación de similitud, el “como si”, por la sustitución de una imagen por otra o “identificación”» (Laplanche y Pontalis, 1967/1993 p. 185).
En Introducción del narcisismo, (1914/2000d) al hilo de la comprensión de la dinámica del enamoramiento, Freud establece la oposición entre elección de objeto narcisista según el modelo de la propia persona versus elección de objeto anaclítica por identificación, según el modelo de sus objetos a