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Agradezco la oportunidad de comentar el excelente trabajo de Teresa Olmos de Paz. Su lectura ha evocado en mí una variedad de pensamientos, útiles en nuestra clínica, equivalentes a tener un acompañante cercano que me asiste, sugiere y complementa a medida que me voy adentrando en el tema, en mis reflexiones, con cada paciente.
El concepto de identificación es preciso en su penetración en la estructuración del psiquismo del sujeto, debido a su entrecruzamiento con el complejo de Edipo, con el narcisismo, entre otros conceptos centrales. Viene a permitir una visión hacia el interior del sujeto, que enfatiza de un lado su construcción a partir de su relación con su madre o primer objeto, y hacia fuera, a partir de la recepción del elemento transgeneracional que el paciente incorpora y que no resulta de fácil acceso. Dichos usos los calificará Faimberg (1985/1993) y que recoge Olmos de «alienantes» que le vienen «prestados» o heredados de la madre. Esta primera construcción será aceptada, como señala Olmos, sin mayor conflicto, ya que no podría ser de otro modo, al no haber nada previo. El sujeto, pues, se va a construir a partir de otros que portan aspectos identificatorios de generaciones anteriores. Como sabemos, con el bebé viene un plan familiar consciente e inconsciente. La madre, pero no solo ella, le trasladará sus expectativas, conflictos, encrucijadas e irracionalidades (Nussbaum, 2009). En la medida en que se trata de una herencia, un elemento ajeno, el sujeto deberá, eventualmente, tomar este paquete identificatorio y hacerlo suyo, reinventándolo. Coincido con Olmos y con quienes han estudiado el tema de las identificaciones, desde Freud (1921/1979) a partir de la segunda tópica, y autores como Ferenczi, Aulagnier (1975/1977), Faimberg, Laplanche, entre otros, que estas no solo conectan al sujeto con los anhelos y sueños de su madre, sino que se podrían pensar como una puerta de entrada hacia la cultura, en la medida en que conforman eslabones con generacion