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Silvia Bleichmar, mediante el psicoanálisis, aborda la alteridad como un proceso esencial en la estructuración del sujeto, vinculando el encuentro con los otros y el Gran Otro a la construcción de la identidad y los lazos sociales. Bleichmar sostiene que la constitución del yo no puede darse en el vacío, sino que es a través de la relación, fundamentalmente temprana con el otro (entendido como un sujeto diferente y autónomo), que se forjan los cimientos de la ética.
Este enfoque concuerda con la filosofía de Emmanuel Lévinas, quien propone que la ética no es una construcción posterior a la ontología, sino que es la relación primaria y fundamental con el «Gran Otro» (donde incluye al semejante: «su rostro»), relación primaria entendida como un llamado a la responsabilidad y el reconocimiento de la irreductible diferencia del sujeto psíquico frente a los demás humanos significativos y al ámbito de la cultura donde se encuentra inmerso.
Este artículo estudia la convergencia entre estas dos perspectivas, utilizando al final un diálogo imaginario entre ambos autores y explorando cómo el concepto de alteridad, sin el propósito de reducir su complejidad, se articula en la obra de Bleichmar y Lévinas, ofreciendo una comprensión más rica para la constitución ética del sujeto psíquico. La alteridad no solo es un concepto central para la ética, sino que también es fundamental para la comprensión de la subjetividad humana en su dimensión más profunda.