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Quiero agradecer tanto a Sabin Aduriz como a Juan Francisco Artaloytia su generosidad a la hora de comentar el trabajo que presenté en el Simposio de la APM de 2024 y que ahora se publica.
Sabin se toma el trabajo de recorrer minuciosamente tanto el caso como mis reflexiones e hipótesis acerca de lo que le ocurre a Jorge, deteniéndose en aquellos aspectos que hicieron fracasar el proceso de subjetivación. Sus trabajos sobre narcisismo y adolescencia han constituido una referencia importante en mi trabajo con adolescentes y le estoy muy agradecida también por ello.
La amistad que me une a Juan Francisco me permite aprovechar la oportunidad que se me brinda de contestarle y responder a alguna de las puntualizaciones que hace sobre mi escrito:
A la vez que comparte muchos de mis postulados, recuerda que hemos de ser cuidadosos a la hora de no caer en pesimismos acerca de los cambios sociales, que nos generan tanto incertidumbre como nostalgia de tiempos pasados. Estoy de acuerdo, pero también pienso que la velocidad a la que ocurren dichos cambios en la actualidad excede la capacidad de la mente humana a la hora de procesarlos. El pensamiento requiere de una temporalidad que hoy se ve acortada e incluso desmentida, lo que genera una facilitación de los pasos al acto que llevan a cortocircuitarlo.
Estoy de acuerdo también con su visión acerca de que existe una heterogeneidad de funcionamientos psíquicos en cada individuo, lo que nos obliga a no centrarnos en un solo foco o hipótesis acerca de lo que le ocurre. Efectivamente, nuestra tarea como psicoanalistas consiste en mantenernos abiertos, sin orientar al paciente ni juzgar sus decisiones. Abiertos a su inconsciente y al nuestro.